domingo, 11 de mayo de 2014



En el sistema de producción actual, la maximización de la utilidad consiste en una inversión en la propia vida de cada cual, cuyos efectos, en la medida que tienen que ver con la praxis y no sólo con el trabajo, no pueden reducirse únicamente a los beneficios individuales, sino que intrínsecamente  atañen a lo que es común. Ello induce a nuevas relaciones entre lo que Carlos Marx llamaba la deuda pública y la acumulación originaria.
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Para que haya acumulación es necesaria la estrecha relación que se produce entre crédito y deuda pública. La deuda pública es una carencia que es preciso colmar, porque sin su existencia tampoco existiría el capital. Comentaba Carlos Marx que "El crédito público se convierte en el credo del capital". La circulación fin en sí misma que produce beneficios y acumulación es un movimiento al que hay que dar crédito. Esto es lo que se está produciendo actualmente, una adhesión absoluta de la vida de todos los españoles, el crédito privado financia solo el crédito público. Mediante el encauzamiento de los ahorros de las economías domésticas hacia los títulos y las acciones, se ha llevado a cabo la plena incorporación de la vida de todo el mundo al mundo financiero. El sector financiero es consustancial a la producción de bienes y servicios  desde la difusión de las tarjetas de crédito. El capital y el consumo coinciden y confluyen de forma definitiva en una vida constantemente endeudada.
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La titulización de "bonos basura", la conversión de las deudas personales en mercancías objeto de compraventa es una innovación problemática para una economía de mercado porque estas mercancías ficticias carecen de un valor de cambio intrínseco. No es por ello extraño que en los mercados de las mercancías ficticias donde se sitúan os problemas económicos más agudos: los ecológicos, el desempleo y la crisis financiera. Los inversores han actuado justificando sus operaciones en la confianza que les merecían las calificaciones que unas agencias de rating o de calificación, supuestamente independientes y expertas en evaluación de riesgos, otorgaban a esos derivados en f unción de su riesgo de desvalorización. La confianza ha resultado ser injustificada.
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La burbuja inmobiliaria se caracteriza por un ascenso continuado en el precio de la vivienda fruto del crecimiento de su demanda por encima de la oferta. Esto aparece porque la expectativa de la demanda compartida por muchos de comprar hoy con la idea de vender a un precio más alto mañana. Pero si se han endeudado en la burbuja inmobiliaria, el estallido de ésta se convierte en un problema cuando al no poder pagar las deudas, ello afecta a la solvencia del sistema financiero. Y de ahí que en la actualidad haya más viviendas de construcción nueva no habitadas que nunca y hayan aumentado los desalojos de viviendas.
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Unos bajos tipos de interés, consecuencia de las inyecciones de liquidez y de la abundancia de euros en el IBEX35 fruto del reciclaje de los euros en negro del mercado de la vivienda, han llevado a la extensión del crédito hipotecario a segmentos de la población cuyas posibilidades de devolverlos en el futuro eran más que dudosas. Se han concedido hipotecas subprime con la única garantía real de que las expectativas de que el precio de las casas siguiese subiendo se hiciesen realidad.
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En el momento en el que los ciudadanos no pudieron pagar sus deudas el precio de los bonos basura de desplomó poniendo en entredicho la solvencia de algunas instituciones financieras sistémicas y desencadenó la crisis de solvencia. En España el sistema financiero ha utilizado parte de los fondos procedentes del exterior para financiar una burbuja inmobiliaria. Su estallido se ha traducido en una crisis de solvencia en el sistema financiero, cuyo salvamento por parte del Estado ha supuesto que la deuda pública se disparase. A la austeridad impuesta por Bruselas se ha sumado entonces el que se haya derivado parte del gasto público a socorrer el sistema financiero. No sólo el sector privado se ve forzado así a disminuir su demanda por la necesidad de desendeudarse frente al exterior sino que el Estado ha de hacerlo también, y todo ello a la vez que el sector financiero contrae sus créditos provocando una recesión de balance.
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En el siguiente post la repercusión de la crisis en el mercado laboral.

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