jueves, 2 de enero de 2014

Manuel Vázquez Montalbán ad memoriam



Aunque ya se hayan dado cuenta, llevamos dos años de gobierno de don Mariano Rajoy. Como dice don Mariano, en un esfuerzo positivista digno de mención,  “la realidad es la que es” y nos pide a los españoles que hagamos un auto de fe para posteriormente aplicarnos la Ley de Seguridad. “La realidad es la que es” enmascara una falacia de este delfín de Aznar que un buen día se convirtió en una meiga de la Realpolitik. La crisis económica nada tiene que ver con convertir la educación y la sanidad públicas en un conjuro maléfico, hechizar los derechos, y por último, transformar las libertades en sacrílega temeridad.

Detrás se esa frase se esconden dos cosas. Por un lado, la ambigüedad moral que define siempre a la meiga, ya que al conocer este mundo también podría utilizarlo para causar el mal, que es precisamente lo que define a la meiga. Por otro lado, la aplicación de una política de máximos, de una preconcepción de subsidiariedad de la educación y la sanidad públicas. Porque no se dejen engañar ustedes, don Mariano tiene la capacidad de hacer el mal, de ofender no cumpliendo el programa electoral, de hacer perder el sentido de la propia realidad, y de quitar la salud enfermando al vecino.

Don Mariano ha manifestado en una de sus conocidas crónicas marianas, que no cumple el programa electoral, pero que sí que cumple su obligación: hacernos ver que sólo hay un camino. Forzado por las circunstancias ha recortado primero en servicios básicos del Estado del Bienestar como en educación y sanidad, posteriormente mutilando las libertades con la aprobación de la Ley de la Seguridad para acabar trinchando el derecho de aborto a la mujeres.

Don Mariano introduce en España el desorden, la enfermedad, el hambre, la pobreza y el suicidio por desahucio. Don Mariano saca de España a los jóvenes titulados, a las mujeres que quieran abortar, a los trabajadores inmigrantes y la esperanza de un futuro mejor. A la meiga mariana se le asocia con aumento de desempleo, escalada de pobreza, con copago sanitario, con la reforma del Consejo del Poder Judicial sin un mínimo consenso y con minijobs de chiringuito. La política del odio cortoplacista no se aparta de la meiga que a su vez cristaliza el descontento y la impunidad de los casos de corrupción de financiación ilegal del PP destapados por Bárcenas.

Don Mariano entra dentro de ese tipo de meigas llamadas meigas chuchonas que son de las más peligrosas. Estas se presentan con distintas caras o transformadas en subidas de impuestos a las rentas altas. Chupan el dinero a las rentas del trabajo y les roba la grasa corporal a los niños cuyos padres no tienen para darles una comida al día, para ser empleados en la elaboración de rescates bancarios. Sí que hay dinero, pero lo hay sólo para lo que a don Mariano le apetece.

No se dejen engañar, el Partido Popular ha descubierto un sortilegio que le hace sacar provecho de la crisis económica para introducir reformas ideológicas que no responden a una “realidad que es la que es” sino la que le gustaría a ellos que fuera: la realidad de la ChiringoPolitik, un discurso político que actúa de forma turbia o sumergida como la financiación de su propio partido. ¿Será simple maleficio o cuestión genética?


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